[…] Las mismas paredes formaban parte de la roca, y olía mucho a humedad. Tomé asiento en la barra y pedí, como no podía ser de otra forma, vino de la casa y algo para picar. Saqué el ordenador portátil.
- ¿Tienen Wi-Fi? – le pregunté al camarero.
- No. Comida china no servimos. Tenemos chorizo, jamón, morcilla, entresijos, gallinejas…
- Vale…
Daniel Díaz, en “Ni libre ni ocupado”, http://blogs.20minutos.es/nilibreniocupado/
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